Manos que hermanan
Aunque mejora la situación, solo un pequeño porcentaje de niños y niñas con sordera o discapacidad tienen acceso a una educación especializada y bien dotada. Las escuelas siguen siendo muy deficientes.
En los países en los que trabajamos, menos del 50% de los maestros de centros de Educación Especial están especializados o tienen al menos la titulación de maestros.
Los medios técnicos de los que disponen son insuficientes, deficientes y obsoletos, respecto a los avances médicos actuales. El dominio de la Lengua de Signos es limitado y prácticamente nulo el desarrollo de la lengua oral y por tanto la escritura y la comprensión lectora.
Las posibilidades de inclusión en centros ordinarios son un derecho en las leyes, pero tiene que venir respaldado por una adecuada estimulación temprana y apoyos pedagógicos de los que mayoritariamente carecen. De otro modo, el niño acude a la escuela y consigue un reducido beneficio.
Las situaciones económicas familiares, requieren de la ayuda de los hijos en el trabajo. Como socialmente la persona con discapacidad sufre de marginación y descalificación, son ellos los primeros que han de dejar de asistir a la escuela para ir a trabajar, porque …”no van a aprender”.
La falta de asistencia médica adecuada, los deficientes programas de atención sanitaria y las situaciones económicas débiles de las familias, ahcen que el niño sordo carezca de los auxilios técnicos adecuados, que actualmente pueden ayudar de manera significativa en el desarrollo del lenguaje y su inclusión social.
La falta de educación es uno de los factores que más influyen en la pobreza. La educación posibilita al ser humano desarrollar plenamente sus capacidades, vivir con dignidad y mejorar su calidad de vida. El niño sordo necesita como ningún otro de la educación para conocer sus derechos y obligaciones, comunicarse, desarrollar su capacidad cognitiva y llegar a ser uno más en la sociedad en la que viven.
La pequeña ayuda económica del apadrinamiento mejora las escuelas y permite la asistencia más regular del niño a clase.
El apadrinamiento llega a niños y niñas sordos de cinco centros educativos en Perú, dos en El Salvador, uno en Venezuela, en Honduras, en Marruecos y en Kenia.
